Sitio Académico de Miguel Garcés - Articulo Comunicación Familiar

Revista INTERACCIÓN No. 48 - Sección COMUNICACIÓN Y SOCIEDAD

La comunicación en las familias de barrios subnormales. *

Disponible en:
interaccion.cedal.org.co/documentacion.htm

Por: Miguel E. Garcés Prettel*


 

 

Su impacto en la identidad y el desarrollo de la personalidad

La familia es considerada como un sistema importante para el desarrollo integral de los niños a nivel individual y social. A nivel individual posibilita la satisfacción de sus necesidades básicas tanto biológicas como psicoafectivas, en lo social, moldea las bases de la personalidad, que forma parte de la identidad primaria que sigue evolucionando a medida que entra en un proceso de socialización con otros individuos a partir de contextos socioculturales específicos. La contribución que puede hacer la familia a los niños en su proceso de desarrollo humano, depende de que tan funcional sea su sistema, tanto en su estructura y modos de convivir, como en el tipo de comunicación y vínculos afectivos que establece en las relaciones sociales e intimas que construye.

En este sentido, especialistas del campo de la psicología y el desarrollo familiar han enmarcado las familias desde su operatividad en dos grandes tipos: la familia funcional que se caracteriza por el cumplimiento eficaz de sus funciones, la presencia de un sistema familiar que permite a los niños y niñas desarrollar identidad y autonomía, pues cuenta con flexibilidad en las reglas y roles para la solución de los conflictos y logran adaptarse a los cambios, presentando una comunicación clara, coherente y afectiva que permite compartir los problemas.

La otra familia es la de tipo disfuncional, que presenta negativos niveles de autoestima en sus miembros y la presencia de una comunicación deficiente y malsana que se manifiesta en comportamientos destructivos y a veces violentos, limitando así el adecuado desarrollo de la personalidad de sus miembros, afectando con mayor fuerza a la población infantil y adolescente.

Todo este abordaje de la funcionalidad familiar desde una perspectiva sistémica y simbólica me llevó como investigador a analizar este tema, a partir de las interacciones y dinámicas de comunicación y convivencia que enfrentan muchas de las familias Monterianas, en especial las que están localizadas en asentamientos subnormales, precisamente porque es un espacio multicultural muy rico para estudiar dado de que convergen muchos tipos de familias que vienen de Córdoba, Antioquia y de otras regiones cercanas, además de que el tema de la comunicación familiar y la convivencia no ha sido estudiado a profundidad en Montería. En las siguientes líneas compartiré algunas de las conclusiones de un estudio que realicé el cual muestra el estado actual de familias de barrios subnormales de la ciudad de Montería en cuanto a su sistema de relación y comunicación presente y cómo este afecta la vida de los niños y niñas en estos contextos.

El tipo de familia que con mayor frecuencia se encontró es la de tipo nuclear, siendo éstas las que reportan mayor presencia de niveles favorables de comunicación familiar y de relaciones, muy por encima de las monoparentales y extensas. Sin embargo, con esta información no es posible afirmar que la tipología ideal de familia que puede garantizar la presencia de una comunicación favorable y unas relaciones intrafamiliares sólidas es la de carácter nuclear, pues la cifras de familias que no gozan de un buen ambiente de dialogo y confianza llega al 21% a pesar de que su estructura también es nuclear; lo único certero en este contexto, es que independientemente del tipo de familia, a la hora de profundizar en los sujetos que participan de este ambiente funcional de comunicación y de relaciones, se logra descubrir que es la figura materna la que desarrolla, con más frecuencia, la comunicación afectiva y reguladora con los niños y adolescentes, aún cuando existe un grupo significativo de padres que ha logrado construir lazos de comunión y confianza con sus hijos e hijas, las cifras maternales lo duplican. Por consiguiente, urge trabajar procesos de acompañamiento y formación a estas familias, buscando que se logre un equilibrio de vínculo afectivo y de cercanía de los géneros, a partir del rompimiento de todas esas barreras o simbologías culturales que sectorizan la comunicación afectiva y reguladora a un género más que en otro.

Se requiere trabajar por construir espacios de capacitación encaminados a reflexionar sobre la igualdad de géneros, para que tanto padre como madre en igualdad de condiciones forjen al interior de la familia una comunicación efectiva y unas relaciones funcionales no manchadas por los estereotipos masculinos y femeninos enemigos de la intimidad y la ternura familiar equilibrada e incluyente. Este testimonio de un padre de familia participante de la investigación nos da una idea general de las barreras que tienen algunos padres para explorar la comunicación afectiva con los niños y adolescentes:

“Mis padres, en especial mi papa, era muy seco conmigo, creía que a los hombres no se les debía abrazar mucho porque eso era pa’marica, al igual que los hombres llorones, el verdadero hombre se sacude cuando se cae y pa’delante, no debe mostrar su debilidad porque lo joden”, Janio, 52 años

Si bien, no es posible afirmar que solo existe un tipo ideal de familia que puede garantizar la adecuada armonía en la comunicación y en los vínculos familiares, pues sería algo ingenuo y al mismo tiempo ilógico pensar que la sola estructura en sí misma pueda funcionar, es claro que ser padres exige no solo que exista voluntad y deseo de querer estar en el hogar aportando al mejoramiento y mantenimiento del mismo, sino que se requiere también de competencias cognoscitivas, comunicativas, afectivas, emocionales y una buena salud mental para cumplir con su rol adecuadamente. Lo que requiere no solo que se siga invirtiendo en espacios de formación a padres, sino también potenciar la formación de niñas y niños desde edades más tempranas para que se apropien de estilos saludables de vida y forjen un proyecto de vida familiar definido y funcional, para que los hijos e hijas no surjan al azar, y lleguen a hogares deseados donde sus padres dispongan de las competencias básicas adecuadas, para que puedan ofrecer a los niños y niñas un ambiente familiar que potencie su desarrollo integral, más no que lo obstaculice.

Existen situaciones o factores que afectan la comunicación y las relaciones al interior de estas familias de barrios subnormales, entre ellas se destacan: la separación de los padres, el maltrato psicológico y físico y la crisis económica. En el primer factor se observa que en estos hogares el padre es el que con frecuencia se separa del núcleo familiar dejando a la madre sola, o algunas veces en compañía de parientes, afectándose así la comunicación afectiva y reguladora con sus hijos e hijas (con mayor impacto en unas familias más que en otras) y afectando en algunos casos el sano desarrollo de la personalidad, la autoestima y la confianza de los niños. Veamos este testimonio de una niña participante del estudio:
“Porque mis padres se separaron hace dos años y eso me dolió muchísimo”. Amira, 8 años (La expresión reafirma el impacto emocional y afectivo que tuvo este episodio en su vida lo cual lo sigue recordando años después con tristeza y lamento).

En este orden de ideas se seleccionaron 14 niños y adolescentes para recoger información concerniente a necesidades de crecimiento personal, valores y vínculos sociales; entre estos, un porcentaje significativo provenían de familias con una inadecuada comunicación entre sus miembros o que vivieron experiencias de separación de sus padres, en este sectorizado grupo se pudo establecer que dentro de sus mayores necesidades emocionales y existenciales, se encuentran en 36% la auto-aceptación física y la confianza en si mismo, y un 7% tienen dificultades para relacionarse con los demás y expresarse libremente. Esto reafirma, en alguna medida, lo encontrado en investigaciones lideradas por la doctora Moreira, cuando asegura que “al estudiar la influencia educativa de los padres en la formación de los hijos, los resultados muestran significativamente una baja manifestación de las funciones afectivas y regulativas de la comunicación debido a la poca presencia del padre en la relación con su hijo, reduciendo ésta fundamentalmente al intercambio de información”.

Un 16% de las familias usan dentro de la comunicación verbal un lenguaje violento, maltratando con palabras a los niños y adolescentes, deteriorando la comunicación afectiva y reguladora y evidenciando una reducción del dialogo y la confianza; siendo la madre la figura que con mayor frecuencia apela a esta forma de maltrato. No se tiene información del porqué se da esta tendencia, pero es claro que urge trabajar en estas familias sobre estos temas, buscando minimizar el impacto psicológico y la prevención de nuevos casos. Este es un hecho para mirar: “A mi me ha pasado con mi madre, porque ella me pasaba insultando y echando, y entonces a mí se me pasaba en la cabeza, matarme y coger malos caminos”. Mario 10 años (Se observa una comunicación negativa de la madre y el método que ella usa para resolver los conflictos es potenciador de rechazo y maltrato, por lo cual el implicado opta por pensar en suicidarse o querer volverse un delincuente).

El estudio muestra que un 50% de las familias reportan tener buena comunicación, sin embargo, manifiestan tener necesidad de crecer en confianza e intimidad, lo que hace que la comunicación tienda hacia lo domestico y lo impersonal, generando bajos niveles de regulación y de afectividad que abren paso a una interacción comunicativa simple.

La crisis económica muestra ser un factor que mal manejada afecta la comunicación familiar y las relaciones, ya sea porque los ingresos son insuficientes (por desempleo o pocas ganancias) generando un impacto negativo en la seguridad alimentaría, o porque existen practicas no saludables de vida (se menciona el alcoholismo y el consumo de drogas en padres) que agudizan la situación, afectan doblemente la convivencia y las buenas relaciones dentro del hogar, poniendo en detrimento los niveles de constructividad, intimidad, confianza y apertura que se requiere para el ejercicio funcional de una comunicación afectiva y reguladora en la familia, esto hace que la comunicación se centre con frecuencia en lo económico. Muchos de los niños y adolescentes participantes en el estudio se quejaron de que en la familia de lo que más se hablaba era de plata y nada más, sintiéndose algunos que sus padres no los escuchan y atienden frente a lo que estaban viviendo.

La comunicación afectiva y reguladora funcional, en términos de confianza, intimidad y constructividad, es mucho más alta en la relación entre los padres y los hijos mientras son niños, pero va disminuyendo a medida que crecen y entran a la preadolescencia, por la cual, se requiere ahondar en estudios que expliquen este fenómeno para determinar con profundidad los factores que inciden en esta baja respuesta innecesaria. Veamos el siguiente comentario: “Antes mis padres eran mucho mas tierno y cariñosos conmigo, ahora que estoy grande ya ni me consienten, no se ni que pasó…” Juan Carlos, 13 años.

Por otra parte, es recomendable y al mismo tiempo pertinente investigar en materia de comunicación y relaciones familiares, el tema de la participación de los niños y niñas en las decisiones del hogar, mirando hasta que punto ciertas estructuras y dinámicas familiares posibilitan o no, la construcción de ciudadanía y la formación de sujetos políticos, capaces de expresarse libremente y vivenciar sus propios derechos privada y públicamente.

Por ultimo es relevante realizar otros estudios que analicen no solo la comunicación y las relaciones entre padres e hijos y cómo se afecta, sino también mirar de que manera incide el tipo de comunicación y relaciones existente entre los padres, en la relación que llevan los niños y niñas con sus hermanos y hermanas, y cómo este fenómeno varia de acuerdo con las diferentes tipologías de familias y contexto de origen.

Algunos referentes bibliográficos usados en la investigación.

A. E. Scheflen. Sistemas de comunicación humana, en I. WINKIN, Kairós, Barcelona, 1982

Castro, Jaime. Historia extensa de Montería. Paloma. Montería, 2003.

Colunga Santos, Silvia. Curso de comunicación social. Universidad de Camagüey, 1998.

De Pineda, Vila. Topología familiar. Editorial Mimeo. Medellín. 1992.

Gálvez, Ligia. La familia, Bogotá, Editorial Aurora, 2001.

G. H. Mead. Espíritu, persona y sociedad, Paidós, Buenos Aires, 1982.

González, Carlos. Principios básicos de la comunicación.

González, Musitu. Psicología de la comunicación humana.

Gutiérrez, Virginia. Familia y cultura en Colombia, Ed. Tercer Mundo, Departamento de Sociología de la Universidad Nacional, Bogotá, 1994.

Herrera Santi, Patricia María. “La familia funcional y disfuncional, un indicador de salud”. En Revista Cubana Med Gen Integr. nov.-dic. 1997, Vol.13, No.6 ISSN 0864-2125.

Levy-Strauss, Claude. La polémica sobre el origen y la universalidad de la familia, Barcelona, Anagrama, 1982.

Lomov, B.F. El problema de la comunicación en psicología. Editorial de Ciencias Sociales. La Habana, 1989.

Maldonado, Maria Cristina. Conflicto, poder y violencia en la familia, 1995.

Moreira, Reca. La familia en el ejercicio de sus funciones. Editorial Pueblo y Educación. La Habana, 1996.

More, Maria y otros. Lenguaje, comunicación y familia, Humanidades Médicas, Vol. 5, No 13, enero-abril  2005.

Negrete, Víctor. Los asentamientos subnormales de Montería. Acción contra el Hambre y UNISINÚ, Montería, septiembre 1999.

Quintero Velásquez, Ángela. Trabajo social y procesos familiares. Buenos Aires – Argentina: Lumer, 1997.

Salinas, Tatiana. Familia, violencia y abuso de drogas, COPRE, Cochabamba, Bolivia.


La familia es considerada como un sistema importante para el desarrollo integral de los niños a nivel individual y social. A nivel individual posibilita la satisfacción de sus necesidades básicas tanto biológicas como psicoafectivas, en lo social, moldea las bases de la personalidad, que forma parte de la identidad primaria que sigue evolucionando a medida que entra en un proceso de socialización con otros individuos a partir de contextos socioculturales específicos. La contribución que puede hacer la familia a los niños en su proceso de desarrollo humano, depende de que tan funcional sea su sistema, tanto en su estructura y modos de convivir, como en el tipo de comunicación y vínculos afectivos que establece en las relaciones sociales e intimas que construye.

En este sentido, especialistas del campo de la psicología y el desarrollo familiar han enmarcado las familias desde su operatividad en dos grandes tipos: la familia funcional que se caracteriza por el cumplimiento eficaz de sus funciones, la presencia de un sistema familiar que permite a los niños y niñas desarrollar identidad y autonomía, pues cuenta con flexibilidad en las reglas y roles para la solución de los conflictos y logran adaptarse a los cambios, presentando una comunicación clara, coherente y afectiva que permite compartir los problemas.

La otra familia es la de tipo disfuncional, que presenta negativos niveles de autoestima en sus miembros y la presencia de una comunicación deficiente y malsana que se manifiesta en comportamientos destructivos y a veces violentos, limitando así el adecuado desarrollo de la personalidad de sus miembros, afectando con mayor fuerza a la población infantil y adolescente.

Todo este abordaje de la funcionalidad familiar desde una perspectiva sistémica y simbólica me llevó como investigador a analizar este tema, a partir de las interacciones y dinámicas de comunicación y convivencia que enfrentan muchas de las familias Monterianas, en especial las que están localizadas en asentamientos subnormales, precisamente porque es un espacio multicultural muy rico para estudiar dado de que convergen muchos tipos de familias que vienen de Córdoba, Antioquia y de otras regiones cercanas, además de que el tema de la comunicación familiar y la convivencia no ha sido estudiado a profundidad en Montería. En las siguientes líneas compartiré algunas de las conclusiones de un estudio que realicé el cual muestra el estado actual de familias de barrios subnormales de la ciudad de Montería en cuanto a su sistema de relación y comunicación presente y cómo este afecta la vida de los niños y niñas en estos contextos.

El tipo de familia que con mayor frecuencia se encontró es la de tipo nuclear, siendo éstas las que reportan mayor presencia de niveles favorables de comunicación familiar y de relaciones, muy por encima de las monoparentales y extensas. Sin embargo, con esta información no es posible afirmar que la tipología ideal de familia que puede garantizar la presencia de una comunicación favorable y unas relaciones intrafamiliares sólidas es la de carácter nuclear, pues la cifras de familias que no gozan de un buen ambiente de dialogo y confianza llega al 21% a pesar de que su estructura también es nuclear; lo único certero en este contexto, es que independientemente del tipo de familia, a la hora de profundizar en los sujetos que participan de este ambiente funcional de comunicación y de relaciones, se logra descubrir que es la figura materna la que desarrolla, con más frecuencia, la comunicación afectiva y reguladora con los niños y adolescentes, aún cuando existe un grupo significativo de padres que ha logrado construir lazos de comunión y confianza con sus hijos e hijas, las cifras maternales lo duplican. Por consiguiente, urge trabajar procesos de acompañamiento y formación a estas familias, buscando que se logre un equilibrio de vínculo afectivo y de cercanía de los géneros, a partir del rompimiento de todas esas barreras o simbologías culturales que sectorizan la comunicación afectiva y reguladora a un género más que en otro.

Se requiere trabajar por construir espacios de capacitación encaminados a reflexionar sobre la igualdad de géneros, para que tanto padre como madre en igualdad de condiciones forjen al interior de la familia una comunicación efectiva y unas relaciones funcionales no manchadas por los estereotipos masculinos y femeninos enemigos de la intimidad y la ternura familiar equilibrada e incluyente. Este testimonio de un padre de familia participante de la investigación nos da una idea general de las barreras que tienen algunos padres para explorar la comunicación afectiva con los niños y adolescentes:

“Mis padres, en especial mi papa, era muy seco conmigo, creía que a los hombres no se les debía abrazar mucho porque eso era pa’marica, al igual que los hombres llorones, el verdadero hombre se sacude cuando se cae y pa’delante, no debe mostrar su debilidad porque lo joden”, Janio, 52 años

Si bien, no es posible afirmar que solo existe un tipo ideal de familia que puede garantizar la adecuada armonía en la comunicación y en los vínculos familiares, pues sería algo ingenuo y al mismo tiempo ilógico pensar que la sola estructura en sí misma pueda funcionar, es claro que ser padres exige no solo que exista voluntad y deseo de querer estar en el hogar aportando al mejoramiento y mantenimiento del mismo, sino que se requiere también de competencias cognoscitivas, comunicativas, afectivas, emocionales y una buena salud mental para cumplir con su rol adecuadamente. Lo que requiere no solo que se siga invirtiendo en espacios de formación a padres, sino también potenciar la formación de niñas y niños desde edades más tempranas para que se apropien de estilos saludables de vida y forjen un proyecto de vida familiar definido y funcional, para que los hijos e hijas no surjan al azar, y lleguen a hogares deseados donde sus padres dispongan de las competencias básicas adecuadas, para que puedan ofrecer a los niños y niñas un ambiente familiar que potencie su desarrollo integral, más no que lo obstaculice.

Existen situaciones o factores que afectan la comunicación y las relaciones al interior de estas familias de barrios subnormales, entre ellas se destacan: la separación de los padres, el maltrato psicológico y físico y la crisis económica. En el primer factor se observa que en estos hogares el padre es el que con frecuencia se separa del núcleo familiar dejando a la madre sola, o algunas veces en compañía de parientes, afectándose así la comunicación afectiva y reguladora con sus hijos e hijas (con mayor impacto en unas familias más que en otras) y afectando en algunos casos el sano desarrollo de la personalidad, la autoestima y la confianza de los niños. Veamos este testimonio de una niña participante del estudio:
“Porque mis padres se separaron hace dos años y eso me dolió muchísimo”. Amira, 8 años (La expresión reafirma el impacto emocional y afectivo que tuvo este episodio en su vida lo cual lo sigue recordando años después con tristeza y lamento).

En este orden de ideas se seleccionaron 14 niños y adolescentes para recoger información concerniente a necesidades de crecimiento personal, valores y vínculos sociales; entre estos, un porcentaje significativo provenían de familias con una inadecuada comunicación entre sus miembros o que vivieron experiencias de separación de sus padres, en este sectorizado grupo se pudo establecer que dentro de sus mayores necesidades emocionales y existenciales, se encuentran en 36% la auto-aceptación física y la confianza en si mismo, y un 7% tienen dificultades para relacionarse con los demás y expresarse libremente. Esto reafirma, en alguna medida, lo encontrado en investigaciones lideradas por la doctora Moreira, cuando asegura que “al estudiar la influencia educativa de los padres en la formación de los hijos, los resultados muestran significativamente una baja manifestación de las funciones afectivas y regulativas de la comunicación debido a la poca presencia del padre en la relación con su hijo, reduciendo ésta fundamentalmente al intercambio de información”.

Un 16% de las familias usan dentro de la comunicación verbal un lenguaje violento, maltratando con palabras a los niños y adolescentes, deteriorando la comunicación afectiva y reguladora y evidenciando una reducción del dialogo y la confianza; siendo la madre la figura que con mayor frecuencia apela a esta forma de maltrato. No se tiene información del porqué se da esta tendencia, pero es claro que urge trabajar en estas familias sobre estos temas, buscando minimizar el impacto psicológico y la prevención de nuevos casos. Este es un hecho para mirar: “A mi me ha pasado con mi madre, porque ella me pasaba insultando y echando, y entonces a mí se me pasaba en la cabeza, matarme y coger malos caminos”. Mario 10 años (Se observa una comunicación negativa de la madre y el método que ella usa para resolver los conflictos es potenciador de rechazo y maltrato, por lo cual el implicado opta por pensar en suicidarse o querer volverse un delincuente).

El estudio muestra que un 50% de las familias reportan tener buena comunicación, sin embargo, manifiestan tener necesidad de crecer en confianza e intimidad, lo que hace que la comunicación tienda hacia lo domestico y lo impersonal, generando bajos niveles de regulación y de afectividad que abren paso a una interacción comunicativa simple.

La crisis económica muestra ser un factor que mal manejada afecta la comunicación familiar y las relaciones, ya sea porque los ingresos son insuficientes (por desempleo o pocas ganancias) generando un impacto negativo en la seguridad alimentaría, o porque existen practicas no saludables de vida (se menciona el alcoholismo y el consumo de drogas en padres) que agudizan la situación, afectan doblemente la convivencia y las buenas relaciones dentro del hogar, poniendo en detrimento los niveles de constructividad, intimidad, confianza y apertura que se requiere para el ejercicio funcional de una comunicación afectiva y reguladora en la familia, esto hace que la comunicación se centre con frecuencia en lo económico. Muchos de los niños y adolescentes participantes en el estudio se quejaron de que en la familia de lo que más se hablaba era de plata y nada más, sintiéndose algunos que sus padres no los escuchan y atienden frente a lo que estaban viviendo.

La comunicación afectiva y reguladora funcional, en términos de confianza, intimidad y constructividad, es mucho más alta en la relación entre los padres y los hijos mientras son niños, pero va disminuyendo a medida que crecen y entran a la preadolescencia, por la cual, se requiere ahondar en estudios que expliquen este fenómeno para determinar con profundidad los factores que inciden en esta baja respuesta innecesaria. Veamos el siguiente comentario: “Antes mis padres eran mucho mas tierno y cariñosos conmigo, ahora que estoy grande ya ni me consienten, no se ni que pasó…” Juan Carlos, 13 años.

Por otra parte, es recomendable y al mismo tiempo pertinente investigar en materia de comunicación y relaciones familiares, el tema de la participación de los niños y niñas en las decisiones del hogar, mirando hasta que punto ciertas estructuras y dinámicas familiares posibilitan o no, la construcción de ciudadanía y la formación de sujetos políticos, capaces de expresarse libremente y vivenciar sus propios derechos privada y públicamente.

Por ultimo es relevante realizar otros estudios que analicen no solo la comunicación y las relaciones entre padres e hijos y cómo se afecta, sino también mirar de que manera incide el tipo de comunicación y relaciones existente entre los padres, en la relación que llevan los niños y niñas con sus hermanos y hermanas, y cómo este fenómeno varia de acuerdo con las diferentes tipologías de familias y contexto de origen.

Algunos referentes bibliográficos usados en la investigación.

A. E. Scheflen. Sistemas de comunicación humana, en I. WINKIN, Kairós, Barcelona, 1982

Castro, Jaime. Historia extensa de Montería. Paloma. Montería, 2003.

Colunga Santos, Silvia. Curso de comunicación social. Universidad de Camagüey, 1998.

De Pineda, Vila. Topología familiar. Editorial Mimeo. Medellín. 1992.

Gálvez, Ligia. La familia, Bogotá, Editorial Aurora, 2001.

G. H. Mead. Espíritu, persona y sociedad, Paidós, Buenos Aires, 1982.

González, Carlos. Principios básicos de la comunicación.

González, Musitu. Psicología de la comunicación humana.

Gutiérrez, Virginia. Familia y cultura en Colombia, Ed. Tercer Mundo, Departamento de Sociología de la Universidad Nacional, Bogotá, 1994.

Herrera Santi, Patricia María. “La familia funcional y disfuncional, un indicador de salud”. En Revista Cubana Med Gen Integr. nov.-dic. 1997, Vol.13, No.6 ISSN 0864-2125.

Levy-Strauss, Claude. La polémica sobre el origen y la universalidad de la familia, Barcelona, Anagrama, 1982.

Lomov, B.F. El problema de la comunicación en psicología. Editorial de Ciencias Sociales. La Habana, 1989.

Maldonado, Maria Cristina. Conflicto, poder y violencia en la familia, 1995.

Moreira, Reca. La familia en el ejercicio de sus funciones. Editorial Pueblo y Educación. La Habana, 1996.

More, Maria y otros. Lenguaje, comunicación y familia, Humanidades Médicas, Vol. 5, No 13, enero-abril 2005.

Negrete, Víctor. Los asentamientos subnormales de Montería. Acción contra el Hambre y UNISINÚ, Montería, septiembre 1999.

Quintero Velásquez, Ángela. Trabajo social y procesos familiares. Buenos Aires – Argentina: Lumer, 1997.

Salinas, Tatiana. Familia, violencia y abuso de drogas, COPRE, Cochabamba, Bolivia.

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