Sitio Académico de Miguel Garcés - Diplomado en Cultura Ciudadana

LA NOCIÓN DE CULTURA CIUDADANA ENTENDIDA DESDE EL DIPLOMADO/CATEDRA DE CULTURA CIUDADANA.

Por: Miguel E. Garcés Prettel

Magister en Comunicación.

Docente investigador Universidad Tecnológica de Bolivar

 

1.    Aspectos generales del concepto.

 

La Cátedra de "Convivencia y Cultura Ciudadana" parte de una visión de la convivencia humana y social centrada en propiciar espacios ciudadanos abiertos que promuevan la participación, el respeto al otro, la interlocución alrededor de asuntos públicos, la reflexión y construcción de propuestas desde la idea de intervenir problemas comunes y la necesidad de reconocernos como legítimos dentro de los procesos de interacción, construcción de ideas y acuerdos de convivencia (Rocha,2005:54-55; Maturana, 1995; 1999).

Para llevar a cabo el proyecto Cátedra de Convivencia y Cultura Ciudadana se percibió la necesidad de enfocar su realización bajo un concepto que unificara la problemática que existe en la ciudad en cuanto a convivencia y cultura cívica, se tomó como principal referente teórico el concepto de Cultura Ciudadana debido a que se pretende abordar dicha problemática desde el enfoque cultural para así priorizar en la materia y plantear respuestas y acciones a esta situación a través de un trabajo conjunto entre las diferentes entidades que conforman la Alianza Cartagena. En ese orden de ideas, se tomó como principal referente, la teoría de convivencia y cultura ciudadana desarrollada por el filósofo Antanas Mockus, desde donde los procesos de Convivencia son mirados como un estado en el cual la sociedad soluciona el divorcio entre ley, moral y cultura, es decir, supera la aprobación moral y/o cultural de acciones contrarias a la ley y a las obligaciones legales. Para lograr la convivencia es básico el respeto a las reglas legales, culturales y morales. Esa armonía entre ley, moral y cultura es lo que Mockus (2002) llama Convivencia Ciudadana, debido a que es la situación en la cual cada persona selecciona moral y culturalmente comportamientos, pero los selecciona dentro de los procedimientos legales, pudiendo esa opción ser distinta de persona a persona, de comunidad a comunidad. La convivencia parecería depender de la ley, pero no necesariamente, pues lo central es la congruencia entre la regulación cultural y moral y la ley. Lo importante son las justificaciones para obedecer o para desobedecer la ley, o el ejemplo de los demás, o lo acostumbrado, o el único medio para alcanzar el objetivo.

El filosofo llama "divorcio entre ley, moral y cultura" a la falta de congruencia entre la regulación cultural del comportamiento y sus regulaciones moral y jurídica, falta de congruencia que se expresa como violencia, como delincuencia, como corrupción, como ilegitimidad de las instituciones, como debilitamiento del poder de muchas de las tradiciones culturales y como crisis o debilidad de la moral individual. El divorcio entre los tres sistemas se expresa en: a) acciones ilegales pero aprobadas moral y culturalmente; b) acciones ilegales desaprobadas culturalmente pero moralmente juzgadas como aceptables, y c) acciones ilegales reconocidas como moralmente inaceptables pero culturalmente toleradas, aceptadas. Y se expresa también como obligaciones legales que no son reconocidas como obligaciones morales o que en ciertos medios sociales no son incorporadas como obligaciones culturalmente aceptadas (Mockus, 2002: 5).

Por otra parte, el concepto de Cultura Ciudadana asumido desde el currículo de la Cátedra parte de esa visión integradora del Dr. Antanas Mockus que busca que los ciudadanos y ciudadanas, en este caso la comunidad Cartagenera se haga corresponsable del cuidado de lo público y el respeto a las normas a través de herramientas de auto y mutua regulación para el bien común y la convivencia fraterna dentro de la ciudad, como mecanismo para reducir los niveles de violencia que vienen afectando a la población local (Garcés, Romero & Oliveros, 2010).

Esto sin lugar a dudas implica una nueva concepción de ciudadanía, en donde ésta según Mockus se construye en la mutua regulación entre desconocidos (aprender a corregir amablemente, aprender a dejarse corregir) y entre una relación distinta e incluyente entre el Estado y el Ciudadano. En donde el Estado debe procurar por brindarle mejores garantías y atención de acuerdo a necesidades colectivas o públicas, lo cual requiere que haya amplios canales de interacción entre los gobernantes y gobernados, haciendo de cada dinámica normativa o de cada acción sociopolítica una oportunidad de aprendizaje, significa además "promover la autorregulación y la corresponsabilidad también en lo relacionado con la gestión pública. Ese enfoque que busca armonizar ley, moral y cultura llevó a adoptar estas fórmulas: recursos públicos, recursos sagrados y una más genérica: lo público es sagrado". (Mockus, 888:16).

Por supuesto, que este enfoque integrado entre ley, moral y cultura pone en la agenda política una perspectiva mucho más pedagógica de la Norma, en donde el ciudadano puede concientizarse de la necesidad de respetarla porque la entiende y dimensiona los beneficios colectivos de asumirla; la puede internalizar porque puede esperar mejores garantías de vida de un Estado que no lo persigue sino que lo protege, puede también reflexionar de los costos y afectaciones sociales que genera al violarla, y puede redimensionarse una nueva manera de entender la ley menos represiva y más educativa cuando logra pasarla del terreno de lo racional y lo amenazante, al terreno de lo afectivo, cultural y emocional.

Algo de esta aproximación emotiva y cultural de las normas que plantea Mockus, viene influenciada de los postulados sociológicos de Jon Elster (1991) que propone una visión de la adopción de la norma menos centrada en la elección racional que está sujeta al cálculo y el pago de incentivos, y mucho más enfocada al terreno de lo emocional y de los referentes colectivos entretejidos con la cultura y la comunidad que envuelven la dinámica de vida de los ciudadanos. Aquí la norma posibilita una doble comprensión de la sociedad en donde se tiene en cuenta las particularidades culturales que envuelven el "ethos social" como también entender los aspectos colectivos de ese "todo social" analizando cada uno de los componentes complejos que la conforman. Es claro que estas precisiones teóricas no desconocen la importancia de promover escenarios de deliberación pública que generen consensos sociales delimitando parámetros pertinentes para alcanzar mejores niveles de convivencia social, tampoco excluye la necesidad de definir acuerdos cooperativos estables, pero para Mockus y Elster son las normas sociales las que pueden garantizar el orden social, pues actúan como cemento para alcanzar la cohesión entre los ciudadanos, aspecto que es útil para prevenir que surjan anarquías y caos sociales.

A los aportes anteriores se suman los de Sánchez & Castro (2006:1) que consideran que la generación de cultura ciudadana implica la generación de tejido democrático, y esto requiere de condiciones sociales y educativas, de igualdad de oportunidades, de acceso a la información, del desarrollo de los partidos y de la educación entre otros factores, pero para lograr esas condiciones no solo es necesario que exista un compromiso político real de los gobernantes de reducir los males estructurales, sino que además se requiere un compromiso activo de los ciudadanos en la construcción de ese "ethos democrático" que exige mayores garantías en la participación, mejores niveles de organización socio-comunitaria, desarrollo de valores, actitudes y comportamientos favorables hacia la democracia, y capacidades ciudadanas para la concertación y el cumplimiento de acuerdos.

La noción de ciudadano que se tiene desde la Cátedra en consonancia con los postulados de Mockus es la de un sujeto político que ha de ser libre y responsable, y que actúa conscientemente tomando decisiones cotidianamente y apropiándose de sus derechos y deberes. A su vez la noción de gobierno que se requiere para alcanzar mejores niveles de cultura ciudadana, es la de una estructura político-administrativa capaz de "impulsar mejoras sustanciales en la convivencia, la seguridad y la participación democrática mediante acciones sobre la cultura, y no solo mediante acciones jurídicas o de vigilancia y control. Para esto es indispensable que todos, o la gran mayoría de los ciudadanos, compartan actitudes y comportamientos respetuosos de la ley y las normas básicas de convivencia, que respeten los derechos de los demás y hagan valer los propios"(Sánchez & Castro, 2006:2).

 

2.    ANTECEDENTES Y EXPERIENCIAS FRENTE AL TEMA.

Dentro del ámbito local, regional y nacional se han realizado acciones y proyectos de cultura ciudadana que han contribuido en diferentes líneas y ámbitos para que el ciudadano y ciudadana colombiana disponga de conocimientos y herramientas que estimulen al cuidado y defensa de lo público y que motiven al respeto a las normas y a la convivencia armónica y pacifica con los demás. En lo local, la ciudad de Cartagena ha venido en los últimos años desarrollando experiencias e investigaciones significativas en esta línea, destacándose entre otras: El diagnóstico de Cultura Ciudadana realizado por la Organización Corpovisionarios, el trabajo de formación ecológica con el grupo "amigos de la tierra" liderado por el Movimiento Juvenil Dignidad, el proyecto de creación de la Cátedra de Cultura Ciudadana liderado por el Movimiento El Buen Ciudadano y el programa "Vales Almirante Padilla liderado por la Alcaldía Mayor de Cartagena de Indias.

El diagnóstico de cultura ciudadana fue realizado entre septiembre de 2009 y febrero de 2010 por la Corporación Visionarios por Colombia (2009) en alianza con la Escuela de Gobierno y Liderazgo y la Sociedad de Mejoras Públicas de Cartagena. Dentro de los resultados centrales de este estudio se resalta que:

1. Cartagena presenta desigualdades sociales en la apropiación del espacio público y presenta serios problemas de integración social en el transporte.

2. Preocupa el creciente número de muertes y lesiones en accidentes de tránsito sobre todo en moto.

3. Cartagena presenta desigualdades sociales en el ejercicio de la ciudadanía y en la regulación legal, además presenta una elevada percepción de corrupción.

4. Cartagena presenta una alta tolerancia a personas reconocidas como corruptas y una alta tolerancia a narcotraficantes.

5. En Cartagena hay una creencia generalizada de incumplimiento de la ley y revela problemas de tolerancia.

6. Cartagena presenta un nivel de desconfianza generalizado y una tendencia generalizada a imaginarse tramposo "al otro".

7. Cartagena aumentó la tasa de homicidios y hay una elevada percepción de inseguridad en espacios públicos.

8. En Cartagena la violencia interpersonal e intrafamiliar, especialmente contra mujeres constituye un serio problema.

En ese mismo orden de ideas, se resalta el trabajo de formación ecológica con el grupo "amigos de la tierra" liderado por el Movimiento Juvenil Dignidad que lleva a cabo programas de inclusión social, desarrollo de grupos focales y acciones de desarrollo local con equipo interdisciplinario conformado por jóvenes de diferentes universidades y colegios, comprometidos/as con el cambio social de su ciudad y región. Dentro de las acciones de cultura ciudadana que han desarrollado en los últimos años está el proyecto de generación de conciencia ambiental en donde promueven acciones, en los y las jóvenes escolarizados, frente al cuidado del medio ambiente, y luego de capacitarse se transforman en promotores dentro de las instituciones educativas donde estudian. Actualmente están adelantando el proyecto de fomento de conciencia ecológica en 18 jóvenes del grupo "Amig@s de la Tierra" del barrio El Socorro, desde allí se orienta la sensibilización de los jóvenes del grupo "Amig@s de la Tierra", sobre la contaminación de espacios públicos del barrio El Socorro, se guía al reconocimiento sobre su identidad en el planeta y el impacto de sus acciones cotidianas en el medio ambiente, y además se facilita la participación en espacios académicos, que aporten a la conciencia ambiental y la convivencia ciudadana de cada integrante (Ramírez, 2010).

El Movimiento El Buen Ciudadano (2010) que está integrado por profesionales de varias universidades de Cartagena también ha hecho lo suyo buscando aportar a nivel de cultura ciudadana en el Distrito. Dentro de las acciones que han realizado sobresalen: la jornada pedagógica en Cartagena para incentivar la creación de la cultura del pago; certificación de calidad para conductores de taxi; proyecto para hacer realidad la implementación de la cátedra "cultura ciudadana" en toda la básica primaria; promover en los niños de Cartagena el lema de la "no violencia"; la generación de campañas políticas académicas para construir una verdadera democracia al servicio de todos y en busca del equilibrio social. El movimiento fomenta la cultura del "Buen Ciudadano" a través de la pedagogía como apoyo y la investigación como proceso estratégico, identificando problemas y necesidades sociales de la ciudad de Cartagena de Indias, para el desarrollo de acciones concretas que conlleven a la resolución de los mismos. También utilizan como herramienta macro de trabajo, procesos de Educación e Investigación en el marco de las siguientes líneas de trabajo: cultura ciudadana, familia unidad estructural de la sociedad, promoción de la salud y prevención de enfermedades, naturaleza viva y defensa del medio ambiente y seguridad vial. Sin embargo dentro de estas experiencias de cultura ciudadana vale la pena mencionar igualmente el programa de cultura ciudadana liderado por la Alcaldía Mayor de Cartagena titulado "Vales del Almirante Padilla". Vales del Almirante Padilla es de naturaleza formativa en tanto tiene entre sus propósitos la formación en competencias ciudadanas para el buen uso y cuidado de lo público y para esto Los Vales, como nuevos agentes sociales, experimentan semanalmente encuentros formativos que se focalizan en el desarrollo de la axiología humana por medio de talleres con temáticas como el respeto, y la tolerancia; competencias comunicativas trabajando y promoviendo la escritura, la lectura, la expresión oral y corporal; y además reciben capacitaciones sobre habilidades para la solución de conflictos en donde se trabaja el pensamiento y los tipos de inteligencia. El programa de los Vales es en sí mismo un proyecto de inclusión social pues lo integran jóvenes desplazados, madres cabeza de hogar, discapacitados y jóvenes en riesgo, quienes no solo se van formando y capacitando para orientar al ciudadano en su recorrido cotidiano, sino que además reciben un estimulo económico que les sirve para solucionar muchas de sus necesidades básicas. Lo que las experiencias exitosas indican es que los mayores cambios culturales se logran cuando socialmente los ciudadanos reconocen o rechazan una práctica. "Vales del Almirante Padilla busca precisamente eso, ser ese agente que corrige o reconoce al ciudadano de acuerdo con prácticas deseadas, tales como el no arrojar basura a la calle, o pasar por la cebra, entre otras. Con satisfacción vemos, especialmente en los sitios más intervenidos por los "Vales del Almirante Padilla", que cada día es mayor el número de personas que han comenzado a advertir a otros ciudadanos sobre los riesgos de cruzar fuera de la cebra o cuando el semáforo se encuentra en rojo para el peatón, eso es lo que hace duradero el trabajo" (Garcés, M., Romero, Z., & Oliveros, J. 2010: 41).

Igualmente, a nivel regional, hay varias experiencias significativas en materia de cultura ciudadana que vale la pena recoger en este documento. La primera es la experiencia de Santa Marta en donde muchos sectores de la ciudad han venido proponiendo estrategias pedagógicas y políticas sociales que integren el turismo con la cultura y la historia como alternativa para lograr no solo mejores niveles de educación y convivencia ciudadana, sino también generar un desarrollo económico favorable teniendo en cuenta el alto índice de necesidades básicas insatisfechas de los samarios y samarias.

Al respecto Ospino (2010) investigador cultural de Santa Marta menciona claramente en qué consiste esa estrategia integradora: inicialmente se propone una reingeniería administrativa que posibilite que la Alcaldía Mayor de Santa Marta en su aspecto administrativo debe realizar a corto plazo una reingeniería en lo turístico y cultural, para lo cual es preciso fusionar instituciones gubernamentales sin programas definidos y sin resultados, que trabajan por separado. De la misma manera se debe gestionar los recursos para sus programas, y recuperar los recursos que por Ley se pueden obtener pero por falta de gestión se pierden. También se propone el fortalecimiento del turismo cultural y ecológico apostándole a la idea de fortalecer el turismo en la ciudad pérdida y el parque Tayrona que está subutilizado y fomentar el Turismo Bolivariano que es clave para atraer esta corriente turística diluida en la última década, lo que permitiría más ingresos para esta inexplotada industria. Otro aspecto clave que vale la pena señalar en estas estrategias que en total suman seis, es la propuesta de Cultura Urbana y Formación de Nuevos Ciudadanos, "al samarlo y en especial a los niños, a las nuevas generaciones hay que prepararlos con una nueva perspectiva de Santa Marta, el inculcarle el amor por su ciudad a través de la enseñanza de su cultura, los espinosos caminos por donde ha transitado en su historia, que les inviten a reflexionar y a asumir positivas actitudes frente a ella". (Ospino. 2010: 2), para este fin se está trabajando en la creación de la "Cátedra Santa Marta" en las escuelas de enseñanza primaria y secundaria, el fortalecimiento de los programas de formación ciudadana y animación sociocultural, la reanimación de los espacios públicos y la creación de una red de gestores culturales.

La segunda experiencia importante que se quiere enmarcar, es la que viene adelantando la Universidad del Norte con la Fundación Carnaval de Barranquilla y la Fundación Terpel desde comienzos del 2007 inaugurando el programa de cultura ciudadana denominado "El Bando lo Escribimos Todos" que es un espacio educativo que se le abre a los ciudadanos para que participen escribiendo propuestas sobre las pautas de comportamiento que deben asumir los barranquilleros durante el carnaval. En ese escenario creado para promover la vivencia de un Carnaval sano y con sentido de responsabilidad pudo la población barranquillera escribir mensajes sobre la forma como quieren vivir su Carnaval, sobre el sentido que tienen de la Fiesta, sobre los comportamientos que quieren o deben asumir, para lograr desarrollar un Carnaval que sea modelo de convivencia armónica, respeto por la diferencia y ejemplo de disfrute sano (Fundación Carnaval de Barranquilla, 2007).

La tercera experiencia a señalar de cultura ciudadana dentro de la región Caribe es la que analizan a profundidad los investigadores Negrete y Garcés (2010:167- 171), en la ciudad de Montería en donde hace varios años el Centro de Estudios Sociales y Políticos con la Fundación del Sinú y la Agenda y Red Ciudadana de Córdoba vienen trabajando la implementación de las redes ciudadanas temáticas que permite a las organizaciones sociales o asociaciones comunitarias con objetivos similares coordinar acciones de manera permanente, fijar metas viables a corto y mediano plazo y proyectar un trabajo político basado en concepciones y prácticas democráticas, y en un modelo de desarrollo apropiado para satisfacer las necesidades y aspiraciones de las comunidades. Esta labor se ha ejercido hace dos años y medio aproximadamente en Montería, -la capital del departamento de Córdoba , los municipios de Cereta, San Carlos, San Pelayo y ocasionalmente en los de Lorica, San Bernardo del Viento y Tierralta.

Desde esta propuesta de redes ciudadanas temáticas se han realizado Escuelas de Liderazgo Democrático para formar a los líderes de las comunidades a nivel socio político para que ejerzan un trabajo más profesional, transparente y con claro conocimiento de la ley. Se han hecho capacitaciones a las organizaciones sociales y comunitarias en temas relacionadas con el uso y manejo de los medios de comunicación: radio comunitaria, medios impresos y usos del internet. Se han realizado jornadas de reflexión con las comunidades para sistematizar las experiencias, los resultados, los estudios, los análisis y las proyecciones, además ha habido jornadas con las redes ambiental, promoción humana y política. Las alianzas con universidades, gremios, gobierno local y departamental, las iglesias y los organismos de control han sido clave dentro de estos procesos de formación ciudadana en Montería para avanzar con los planes de trabajo establecidos por cada red temática y la red departamental.

Dentro del ámbito nacional una experiencia reconocida a nivel de cultura ciudadana fue la que emprendió el Dr. Antanas Mockus durante el periodo 1995- 1997, dos años después el investigador Pablo Méndez (1999) hace un análisis a ese programa y resalta que en ese tiempo, la administración Mockus en la alcaldía de Santafé de Bogotá definió como un problema de políticas públicas la disociación entre las rutinas y prácticas cotidianas de los ciudadanos y las normas que regulan esas acciones. Para reducir este divorcio se elaboró el programa Cultura Ciudadana, que busca formar un conjunto de actitudes, costumbres, acciones y reglas mínimas compartidas por los individuos de una comunidad, que permitieran la convivencia y generaran sentido de pertenencia. Reducir este divorcio se elaboró el programa Cultura Ciudadana, que busca formar un conjunto de actitudes, costumbres, acciones y reglas mínimas compartidas por los individuos de una comunidad, que permitieran la convivencia y generaran sentido de pertenencia. El estudio de Méndez (1999) revela entre otras cosas, que con recursos cercanos al 0,7 por ciento del presupuesto anual del Distrito, la administración diseñó proyectos y estrategias que, partiendo de la dinámica cultural de la ciudad y utilizando el juego, el simbolismo y la animación como instrumento de mediación en los procesos de interacción ciudadana, crearon un espacio de identidad entre los habitantes. Además se concluye que las debilidades del programa de Cultura Ciudadana demostraron que las acciones tendientes a generar gobernabilidad deben actuar simultáneamente en los planos de la realidad objetiva y la simbólica. En este sentido, la gobernabilidad básicamente se refiere a la construcción de una relación armónica entre administración y administrados que permita enfocar esfuerzos hacia una visión común de mediano y largo plazo, en lugar de moverse dentro de la contingencia. Este debe ser el objetivo de quienes trabajan las políticas públicas en la realidad latinoamericana. a la ciudadanía

 

 

 

 

 

 

 

BIBLIOGRAFIA

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  • Mockus, Antanas. Plan de Desarrollo “Formar Ciudad” 1995-1998, en: Secretaria Distrital de Planeación, Alcaldía de Bogota. (En línea). Disponible en: http://www.sdp.gov.co/www/resources/ydw_20_gaf_pd_1995_1998_fc.pdf (Consultado 15 de nov. 2009)

 

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  • Murrain, Henry. “Cultura Ciudadana Como Política Pública: Entre Indicadores y Arte”, en: Cultura Ciudadana en Bogotá: Nuevas Perspectivas, Secretaría de Cultura, Recreación y Deporte, Cámara de Comercio de Bogotá, Fundación Terpel y Coorpovisionarios, 2009.

·         Elster, Jon. El cemento de la sociedad: las paradojas del orden social, 1991.Ed Gedisa, España.

 

·         MOCKUS, Antanas. CONVIVENCIA COMO ARMONIZACION DE LEY, MORAL Y CULTURA. Perspectivas, Revista trimestral de educación comparada, vol. XXXII, n° 1, marzo 2002. Disponible en http://www.ibe.unesco.org/publications/Prospects/ProspectsPdf/121s/121s.pdf

 

·         “Liderazgo Político y Administración Pública en la Formación de la Cultura Ciudadana: Dilemas entre la Libertad y el Autoritarismo”. Tres ejemplos de casos. Ce Benavidez disponible en www.gobernabilidad.cl/documentos/ce_benavidez.doc

 

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