Sitio Académico de Miguel Garcés - Reseña Ejemplo

Por: Miguel E. Garcés, Magister (C) en Comunicación, Universidad del Norte

RESEÑA DEL LIBRO TITULADO:

LA TIERRA QUE ATARDECE”: EL LIBRO, LA LECTURA Y EL DECLIVE

AUTOR: Fernando Cruz Kronfly Editorial: Ariel, 1998.

 

RESUMEN

Cruz Kronfly reflexiona en la presente obra acerca del equivocado supuesto de la extinción del libro en este nuevo siglo. Su preocupación por incorporar la ética de vida en los procesos intelectuales y de pensamiento crítico, lo lleva afirmar que lo que está crisis no es el libro, sino el LECTOR. En este sentido, el autor ve el desarrollo social de la mano de la mano de un nuevo LECTOR humanizado y humanizante, firme en sus convicciones humanas y éticas. En esta vía se dedica a explorar los diferentes tipos de lectores comunes que existen y propone la necesidad de recuperar al lector Agónico (que se conmover y sacuder con lo que lee), en cuyo ejercicio de crecimiento intelectual, lo que lee le aporta a su propia humanización tanto intelectual como cultural, y lo impulsa a una actitud de cambio y de compromiso por transformar su realidad, contribuyendo desde su ethos de vida por el mejoramiento de su entorno social.

 

Palabras claves:

Declive finisecular, ideal ilustrado, lector lúcido, lector lúdico, lector agónico, ética (ethos), modernidad, posmodernidad.

 

Introducción:

 

Al igual que los análisis apocalípticos que se hacían de la radio cuando apareció la televisión en Colombia en la década del 50, la fuerte penetración de las nuevas tecnologías y los medios masivos que vaticinaron el reinado de la cultura de la imagen en el nuevo siglo, como el nuevo ideal representativo de comunicación, generó reacciones en diversos círculos académicos hasta tal punto, que algunos llegaron a concluir que efectivamente el mundo entraría a la era de la preeminencia de la imagen sobre el texto, desplazando así los modelos representativos de comunicación escrito-textual, por modelos icónico-simbólico, que desplazaría el libro convencional hecho de papel y de letras impresas.

 

Frente a estas profecías apocalípticas que ponían en tela de juicio el futuro de la comunicación escrita, la dinámica crítica del libro, apunta aceptar de que efectivamente el mundo en el nuevo siglo, al igual que el siglo XX cuando apareció la televisión y el computador, enfrentará cambios importantes en los modos de representación de la realidad. Sin embargo, eso no da bases suficientes como para asegurar de que la literatura convencional está en vía de extinción, por diferentes razones: la primera porque las estadísticas mundiales de producción y venta de libros sigue creciendo, a tal punto que se incrementó doblemente en los últimos veinte años, y con ello, la construcción de mega bibliotecas en las ciudades y capitales del mundo; la segunda porque los proyectos de alfabetización siguen con vigor al igual que antaño, a través de organismos internacionales, que siguen teniendo como meta principal erradicar el analfabetismo antes de mediados del siglo XXI, mediante acciones tendientes a alfabetizar masivamente las comunidades del tercer mundo, para crear a largo plazo una cultura de la lectura funcional que incluya no solo la modernización a las bibliotecas principales, sino también, lograr que las poblaciones latinoamericanas dispongan de centros alternativos de revisión bibliográfica móviles, que se han logrado ubicar periódicamente en puntos estratégico al interior de las comunidades para provocar el amor por la lectura.

 

Teniendo claro entonces que el libro ha sido un recurso valioso en el desarrollo cognoscitivo y cultural  de los pueblos desde antaño, se requiere hacer un análisis acerca del papel que juega en la actualidad, para lo cual el autor directa o indirectamente, pretende partir de interrogantes pertinentes para entender si los procesos de lectura en el presente responde a una realidad histórica especifica y a una expectativa de vida de carácter existencial. Dentro de esos interrogantes vale la pena revisar los siguientes: ¿Por qué y para que leer? ¿Porqué esa insistencia a las personas, en especial a los jóvenes respecto a la necesidad de la lectura y el amor por los libros? ¿Qué se quiere transmitir con esa insistencia? ¿No será, acaso que todavía somos tributarios del ideal de la razón ilustrada, propio de una modernidad que entro hace mucho tiempo en colapso?

 

El autor pretende provocar al lector con estas preguntas a las que abordar con profesionalismo sin pretender hacer apologética de ningún paradigma histórico, y proponiendo proactivamente nuevas estrategias de acercamiento al libro en medio de la desesperanza generalizada y la crisis de los mitos modernos, características propias de esta época definida por algunos como la era pos-moderna.

 

Tesis Principal del Autor:

 

La reflexión de Cruz, mira apunta académicamente aquella visión de la sociedad que buscaba transitar hacia una perfección progresiva alcanzando altos niveles de desarrollo científico-tecnológico, pero dejando a su paso un aumento de pobreza, desigualdad y violencia, aspectos que niegan la vida, y por el contrario refleja una involución inminente que cuestiona las admiradas definiciones existentes de lo que es ser culto o intelectual, si esto no propicia el surgimiento de una nueva humanidad comprometida con la construcción con la justicia, en donde los beneficios colectivos estén por encima de los individuales. De tal manera, que en lo que respecta al consumo de libros como medio para alcanzar un mejor nivel de cultura, el problema no parece que estriba en la cantidad, sino en la calidad; por lo que entonces el debate que quiere propiciar el Cruz Kronfly va mas allá de reflexionar acerca del equivocado supuesto de la extinción del libro en este nuevo siglo. Su preocupación por incorporar la ética de vida en los procesos intelectuales y de pensamiento crítico, lo lleva afirmar que lo que está crisis no es el libro, sino el LECTOR. En este sentido, el autor ve el desarrollo social de la mano de la mano de un nuevo LECTOR humanizado y humanizante, firme en sus convicciones humanas y éticas. En esta vía se dedica a explorar los diferentes tipos de lectores comunes que existen y propone la necesidad de recuperar al lector Agónico (que se conmueve y se sacude con lo que lee), en cuyo ejercicio de crecimiento intelectual, lo que lee le aporta a su propia humanización tanto intelectual como cultural, y lo impulsa a una actitud de cambio y de compromiso por transformar su realidad, contribuyendo desde su ethos de vida por el mejoramiento de su entorno social. En el mismo orden de ideas, al autor considera que a pesar de la desesperanza generalizada y la caída de los meta relatos modernos (explicables históricamente), es posible pensar en alimentar una nueva esperanza en donde la razón, la sensibilidad, la educación sentimental trabajen a la par de un nuevo mundo fundado en un humanismo con una ética secular-laica fuertemente conectada en reafirmar los derechos de los ciudadanos sin distingo de clases, color o raza.

 

Por otra parte, el autor cuestiona aquellos análisis triviales que venden la falsa teoría, que muestra el poderío de la imagen y de otros lenguajes soportados en signos, como monstruos despiadados que amenazan el futuro de la comunicación escrita concentrada en los libros convencionales; al percibir estos como formas importantes de expresión, mas bien, desplaza el análisis hacia lo que él considera el declive finisecular del ideal de la razón ilustrada, que se evidencia en la visión contemporánea  actual que ha modificado sustancialmente el rol que por tradición moderna tenían la lectura y los libros, que en antaño eran instrumentos privilegiados en términos racionales del  hipotético sueño de progreso y perfección indefinida del siglo XVIII, y remplazándola masivamente por un tipo lector y de libros que solo busca entretenimiento, sin exigir nada a la razón y motivando a una dinámica de pensamiento acrítico que navega en el mar incierto de la desesperanza colectiva y en el camino del ningún esfuerzo. En este sentido, el declive no es generalizado, pues no toca ciertos tipos de libro como los esotéricos y los libros hedonistas de autoayuda, cuyo consumo crece significativamente, apuntando a un desarrollo espiritual trascendente que no alcanza a sobrepasar la barrera de lo individual y lo místico.

 

Estructura y descripción del texto

 

Para definir la estructura del texto de Cruz Kronfly quiero permitirme dividirla en varios momentos y ponerle un nombre provocador para estimular la crítica. A continuación lo esbozo de la siguiente manera:

 

1. Somos más que un primate mejorado: en el que se describe la importancia que ha tenido el desarrollo del lenguaje en las formas de vida, de organización y de producción del ser humano desde la prehistoria. Siendo el lenguaje lo que hace la diferencia sustancial entre el hombre y el primate, pasando del canto y los gruñidos onomatopéyicos al lenguaje mejorado y humanizado, que por medio de símbolos y otras formas de comunicación, genero nuevos roles, nuevos ideales y nuevas formas de relación y sentido entre los sujetos y el mundo. Sin duda alguna la evolución humana ha tenido estrecha conexión con el desarrollo y apropiación del lenguaje, que lo lleva asumir un compromiso crítico y transformador de su ambiente.

2. Primero fue el relato después el libro: en esta sesión se muestra como en la relación del ser humano con su entorno y su sentido de convivencia y supervivencia, fueron el eje motor de los relatos sobre el origen del mundo, y aunque no había libro escrito, éstos estaban registrados en la memoria colectiva de los pueblos siendo visibilizadas a través de su tradición oral. Pasó mucho tiempo para que apareciera la escritura y mucho más aun para que con el surgimiento de la imprenta llegara el libro de papel, pero es el libro el que pone al lector y la lectura en un nuevo mundo llamado Biblioteca, como nuevo templo de transcendencia, instaurando el desarrollo cognoscitivo e intelectual como factor de perfección y como una nueva forma de poder por la vía del saber, del conocimiento y el acceso a la información existente. Al libro hecho de papel se le atribuye el haber generado la aparición de un nuevo ideal de sujeto autónomo, que desde su intimidad con el libro, configura su propia visión del mundo y accede al pensamiento local y mundial.

 

3. Pasando de la Alfabetización Básica a la Funcional: en esta sesión se analiza la lectura como privilegio cultural. Privilegio que significa tener acceso a un código escrito que demanda estar alfabetizado, lo cual, es una condición que todavía en pleno siglo XXI no gozan una gran parte de la población mundial, acrecentado más la brecha de marginalidad. Pero además de la alfabetización básica, el autor muestra que la población mundial para aprender a moverse y subsistir en el contexto contemporáneo citadino, requiere apropiarse del código de signos que el uso y consumo del mundo exige, a este tipo de apropiación la llama Alfabetización Funcional, y que lo considera un proceso meramente técnico que rompe la relación del sujeto con su dimensión reflexiva y la reduce a procesos cognitivos puramente operativos que se entretejen en la falacia intelectual que le hace creer al ciudadano posmoderno de que por el hecho de estar informado ya esta pensando, cuando lo que se está cocinando es la creación de un nuevo sujeto acrítico alfabetizado no para ser reflexivo, sino para ser más productivo y más consumidor.

 

4. Del Ludismo Culto al Ludismo Consumista: el autor apunta a reivindicar aquel lector que se nutre de la lectura lúdica fina, que entraña el buen humor que entretiene y seduce el pensamiento y lo pone a dialogar críticamente con lo cultural, lo político, lo económico, mirando al público como personas capaces de cuestionar su realidad y deconstruir todos esos imaginarios que hegemónicamente pretender narcotizar la razón, entreteniendo la mente para que no piense y problematice el sentido de su existencia, del mundo y de las relaciones que cultiva con los demás. Del cuento se pasó al chiste ordinario que valida el sistema de marginación actual, cambiando la crítica arraigada en la realidad, por un misticismo hueco que recluta masivamente personas dispuestas asumir una fe ciega pseudocientífica que persuade a creer en la existencia de una cosa untuosa llamada “energía positiva” que es como una mermelada de frambuesa, que hay que untarle a todo para salga bien, y adoptando un optimismo irracional y una religión del consumo que lo llena todo. Esta visión cambio el rol que la imagen tuvo en siglos anteriores pasando de ser una forma de comunicación cultura e histórico e incluso crítica, a tornarse en un fin que promete por si misma mediante efectos especiales y la suntuosidad en el diseño (lo externo sin cimiento) quieren imponer un nuevo sistema de interpretación alejado de toda racionalidad crítica, que ya no hace parte de lo IN.

 

5. De la Lectura Lúcida a la Agónica: bajo esta idea el autor propone una transición de lo lúcido a lo lúcido agónico. Pues si bien un elemento a rescatar de la tradición de lectores lúcidos es su capacidad de interiorizar hábitos de lecturas que hacen parte de una disciplina intelectual que avanza fundamentalmente hacia la finalidad del conocimiento inteligente del mundo y el sentido de la existencia humana, pero que pocas veces se compromete éticamente con su transformación. La realidad es vista como algo externo, algo para descifrar, conocer, teorizar, cuestionar lo que esta fuera de si, no es su prioridad confrontarlo con su intimidad de vida, el autocuestionamiento ético, no es un principio fundamental para el lector lúcido. En cambio el lector agónico que incorpora muchos de los atributos lúcidos añade a su práctica intelectual la agonía existencial, derivada del compromiso ético a cualquier precio y con toda las consecuencias que la lectura traiga consigo, pues su reflexión no se queda en el terreno simple del conocimiento sino que va mas allá, camino de la agonía, esa que hace del lector un moribundo congojado, que permite en su interior que algo muera dentro sí, para que nazca dentro de él otra perspectiva de la vida que lo mueva en esencia.

 

6. Entre la heterogeneidad de Lectores y Lecturas, se aprecia el destino del libro: el autor reconoce que es imposible ir por el mundo sin tener que optar por ser usuarios de lecturas funcionales, pues dentro del mundo profesional y técnico este tipo de lecturas son requisito insustituible. La cuestión clave que Cruz considera valida para analizar no es cómo fomentar la lectura, sino más bien como fomentar cierto tipo de lectura, que pudiera llegar a considerarse mejor o más importante que otras. Se requiere dejar de seguir patentizando cierto tipo de lecturas a elites o plebeyos, y recuperar en medio de sistema de consumo literario enraizado en el hedonismo y en lo instrumental, una literatura que propicie la reflexión sobre las dimensiones cruciales de la existencia, del mundo y sus posibilidades, del mundo y su cultura, del ser humano y su compromiso con la vida, del ser humano y el desafió que tiene de asumir la diversidad no como una amenaza, sino como una oportunidad de construir espacios ciudadanos inclusivos. En este marco diverso el libro como principio no desaparecerá, seguirá cambiando su presentación para ser aceptable a cada uno de sus públicos. Sea en su categoría funcional, lúdica o lucida allí estará siempre.

 

Ideas Fuerza

 

“El libro como principio no desaparecerá, seguirá cambiando su presentación para ser aceptable a cada uno de sus públicos. Sea en su categoría funcional o técnica, lúdica o lucida  el libro estará siempre allí”.

 

“El capitalismo convirtió en industria el universo del libro y masificó la alfabetización, pero termino imponiendo el triunfo de la racionalidad productivo-instrumental y el reino de la información sobre el reino del pensamiento, que también comenzó a gruñir en desbandada”.

 

“No se trata de pretender volver al ideal ilustrado de la razón, en la  que el libro era un instrumento de beneficio a una elite intelectual dominante; se trata de recuperar una dimensión del libro y el lector, en el que la lectura vaya más allá de entretener o de adoptar practicas místicas sin conexión o compromiso con la realidad, se trata de recuperar una especie de lector y de lectura en vía de extinción: la critico-ética”.

 

“La promesa del saber y la recompensa del conocimiento, como tales, son frágiles en incapaces para neutralizar la crisis de la esperanza de la humanidad; se requiere entonces parir un nuevo perfil de lector, capaz de agonizar con lo que lee, y que lo que lee lo lleve asumir un compromiso ético con su existencia, con el mundo, con el conocimiento que procesa y con las relaciones que construye con los demás”.

 

“La lectura lúcido-agónica es, pues, una preciosa enfermedad del espíritu, un don del dolor del mundo éticamente asumido, un resultado de la aflicción intelectual ante el peso de la existencia y la crisis del sentido de vivir”.

 

 

Reflexión crítica

 

Leer el planteamiento que el autor hace en torno a la necesidad de recuperar un tipo de lector agónico, con un talante critico y proactivo que lo haga apersonarse activamente de su propia transformación y de su realidad, aportando utópicamente en la humanización de la sociedades, y haciendo de la lectura y los libros herramientas poderosas para reflexionar desde lo interpersonal e intersubjetivo, es una reflexión que puede analizarse y cuestionarse desde diferentes vertientes que trastoca lo existencial en un marco histórico.

 

 Uno de estos cuestionamientos podría venir de corrientes posmodernas contemporáneas que con referentes históricos del siglo XVIII, podría cuestionar la tesis principal del autor, pues históricamente los proyectos transformación y progreso de las sociedades, fueron premisas de vida fuertemente con el espíritu de la modernidad, y los hechos ocurridos demuestran que dentro del proyecto moderno de la razón ilustrada, el ideal de ser humano amante de lo culto y lo refinado, solo sirvió para formar modelos de lideres gobernantes que desconectaron el desarrollo ético del intelectual, y fue así como “importantes genocidas del mundo de Occidente y Oriente (del Norte y el Sur), que han practicado sistemáticamente el exterminio humano y la humillación como instrumentos de su proyecto social y político, han sido personas cultas, crecieron entre libros y obras de arte, amaron la mujer música y, sin embargo, mancharon de sangre inocente la honra de especie humana”(Cruz Kronfly, 1998, P. 51), lo ético era familiarizado con otras disciplinas diferentes al discurso racional y al frecuentamiento de libros.

 

Sin embargo, un cuestionamiento de esta naturaleza yerra en patentizar la preocupación por el crecimiento intelectual y la reflexión critica, aún periodo específico de la historia que ya paso haciéndolo irrelevante o pasado de moda. Esto sin duda, sería una lectura incompleta de la historia, pues en medio de las críticas a este periodo, tendríamos que rescatar otros personajes (como Pascal, Newton… y en el siglo XX Gandhi, Einsten…), que desde siglos anteriores fueron considerados personajes brillantes no solo por su capacidad intelectual y por su nivel de cultura general (debería haber tenido un fuerte habito de lectura) que los acreditaba como sabios de gran trayectoria, sino como seres humanos con unos valores éticos- sociales y espirituales que los hacia atractivos por sus convicciones. Cruz Kronfly en el abordaje de su pensamiento, logra proponer la necesidad de trabajar en la presencia masiva de un nuevo LECTOR, que conecta inseparablemente su ethos de vida con la reflexión intelectual, conciliando así la reflexión ética con lo racional, lo espiritual con lo crítico, lo educativo con lo humano, la culto con lo sensible, y lo político con lo comunitario y ciudadano, entre otros.

 

Aquí al parecer lo que se trata no es de satanizar las dinámicas de lectura y de lectores funcionalistas y hedonistas, para imponer la lógica ilustrada que mira el crecimiento intelectual y racional como el modelo ideal para alcanzar la construcción de una sociedad perfecta. Claro que no, la alfabetización funcional seguirá siendo clave para subsistir en el medio descifrando los códigos que la sociedad capitalista impone para no quedar marginado del sistema, aún así la preocupación central que se propone desde el abordaje del libro estriba en analizar sobre ¿El tipo de lectores que se quiere formar a futuro? ¿Si es solamente suficiente adoptar una dinámica de lectura de pasatiempo o de acumulación de conocimiento, sin que el ejercicio cognoscitivo promueva un compromiso ético con realidad? ¿Es suficiente para la sociedad con que se formen alfabetas funcionales que existan y coexista pasivamente como consumidor del sistema sociocultural dominante, y no como agentes activos que producen y transforman la realidad desde su reflexión-acción ?.

 

Es claro que trabajar en la formación de un nuevo perfil de lector con un talante crítico, capaz de pensar su realidad, su sentido de existencia y de asumir una postura ética en medio de su contexto sociocultural, no es tarea fácil. Desconocer que se está ante un momento histórico en el que escasean las utopías colectivas, surgiendo un desinterés con lo fundamental y lo trascendental en una buena parte la generación juvenil, cuyas mente anda en otra cosa, distinta a cultivar la razón y estimular el doloroso arte de pensar, evidentemente se requiere dentro el mundo académico, un nuevo perfil humano en el que los aprendices pueda tener un referente de vida que los impulse a una dimensión lectora donde lúcido se case con lo agónico. Un nuevo referente que no reduzca su estimulo hacia la lectura lucido-agónica simplemente dando ordenes y colocando tareas de ejercitación en lecturas críticas, se requiere sin duda alguna que exista el modelo, el referente que con su propia vida desafíe, el ejemplo que provoca y arrastra por la esencia ética e intelectual que irradie de su propia humanidad y su forma de relacionarse con los demás.

 

Sin embargo, en palabras de Cruz Kronfly, lo que al parecer hace que exista el lector lúcido y con mayor razón el lector agónico, además del ejemplo ético de sus preceptores, es esa especie de desazón interior, ese profundo desasosiego espiritual respecto al mundo, que hace pensar que el lector agónico sea mucho más un “enfermo” por causa del desasosiego que le perturba la representación convencional que la gente del común tiene del mundo y de su propia existencia, que alguien capaz de haber elegido libremente su vocación como lector.

 

El trabajo es arduo tanto para los que están en el ejercicio de la docente como para todos los que asumen un rol de liderazgo, si es que desde esos espacios de poder los actores visibles que modelan aún cuando ni siquiera son conciente de lo que significan para sus preceptores, consideran que es relevante parir una generación de ciudadanos autónomos con una ética de vida y un nivel intelectual que lo ponga al frente de la vida, esa vida que es como un libro abierto que sigue esperando de nuevos lectores, que se apropien de su contenido para transformarlo y encaminarlo hacia una sociedad incluyente y participativa. Lamentablemente todavía en muchos centros educativos y universidades proliferan ese tipo de maestros que creen que su único compromiso con sus discípulos es ofrecerle teorías e información instrumental, cuando en realidad son muchos los aprendizajes que anda buscando nuevos escenarios donde camine la vida y esas viejas esperanza y utopías se hagan carne humana viviente.  

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